domingo, 7 de septiembre de 2008
¡Final raro de Disney! O.O
sábado, 6 de septiembre de 2008
Deprimit

No hi ha res pitjor que una nit de soletat en la que et sents deprimit/da (o melancòlic/a, que molts cops és difícil de diferenciar). Quan tothom ha sortit de festa (o no), quan tothom veu la vida de color de rosa (o no), però tu creus que ets l'únic/a que estàs així de sol sota les estrelles.
Nova història de rol.

El cielo rojizo, precedido por su franja violeta acostumbrada, despedía el día en las Islas de Eco.
Una figura nadaba hasta la orilla de Sen'jin penosamente, dejando una estela de sangre a su paso. Ya fuera por el contraste de color en el agua o por el fuerte aroma del flujo carmesí los Carapiel Makrura y otras bestias de las arenas se estaban congregando para recibirla en tierra.
- ¡Malditos Carapiel! ¡Apestosas langostas marinas!- susurró la troll para si misma.
Arrastró su cuerpo azul por la arena; daba lástima verla. Tenía algún dedo de las manos amputado, la pierna derecha rota colgando de la rodilla en un ángulo anormal, la cara surcada por profundos arañazos de garras trolls. Su pelo verde colgaba sin orden alguno sobre su cara, mojado. Le faltaban varios mechones que habían sido arrancados de raíz, dejando ver pequeñas calvas en su cabeza.
Los Carapiel se lanzaron sobre ella, ávidos por comer carne fresca aquella noche. Más movida por instinto que por otra cosa y sin arma para defenderse, la troll, entre espasmos, lanzaba pequeñas auras de magia arcana para repelerlos. Finalmente, los Carapiel, viendo que no era una presa tan fácil como pensaban, acabaron marchándose un poco magullados.
La troll siguió arrastrándose ahora por la tierra, que su propio sudor y su propia sangre hacían fangosa bajo su cuerpo. De repente su visión borrosa se nubló por completo, los músculos le fallaron y cayó pesadamente sobre la tierra, quedando inconsciente bajo el firmamento oscuro, inhóspito y plagado de motas brillantes.
Se despertó maniatada en el suelo de una pequeña tienda de paredes de lona. Varios dibujos tribales blancos adornaban todo el lugar y en el aire se respiraba un olor rancio, como de salitre, pescado podrido y hierbas aromáticas, todo mezclado.
Su mirada aun entornada divisó una figura que entraba lentamente por el arco que conformaba la puerta; era un anciano troll de pelo amarillento.
- ¡Vaya, la pequeña furia ha despertado!- dijo entre risonatas- ¡Hasta en sueños te revolvías, mala bestia!
El comentario no agradó a la joven troll que se limitó a mirarlo a los ojos agriamente. Seguidamente no pudo evitar una mueca de dolor; le dolía todo el cuerpo.
- ¡Oh, tranquila! Tal vez cuando hagamos puchero contigo dejará de dolerte. ¿Prefieres romero o sándalo? - siguió entre carcajada y carcajada el viejo troll.
En vista de la situación comprometida la troll intentó revolverse, zafarse de las sogas que aprisionaban sus manos y sus pies. Gritó, aulló, intentó morder al viejo troll, se arrastró... hasta quedar tumbada de nuevo, agotada ante tanto esfuerzo. Oyó como el anciano seguía riéndose de ella.
- Tengo curiosidad por saber que haces aquí. Tu pelo te delata como habitante de las islas de Eco.
La troll no dijo nada.
- No pareces muy lista. - prosiguió el anciano. - Iré a remover el caldo.
Mientras se levantaba, por fin, la troll, tragándose el poco orgullo que le quedaba, abrió las fauces.
- No me mates. Puedo contarte muchas cosas de nuestra tribu. Poco me importa lo que les ocurra ahora ya. Pero debes quitarme estas sogas y apagar el fuego de la olla. - gruñó ásperamente.
- Ahora empezamos a entendernos. - una mueca de desgarbada sonrisa apareció entre sus grandes colmillos.
Avanzó hacia la entrada de la tienda y gesticuló invitando a alguien a acercarse. Aparecieron dos jovenes, pero fornidos trolls, de pelo azul oscuro y recogido en trenzas delgadas. La troll no pudo evitar pensar, pese a su situación, que eran bastante guapos. La desataron y la llevaron fuera de la tienda.
El sol dañó por un instante sus ojos marrón miel y cuando recobró la totalidad de la vista se vio en un diminuto llano de tierra aplanada por las innumerables pisadas de la tribu. Se encontraba en el centro del poblado, entre sus elevadas casas de madera. Sus edificios eran prácticamente iguales que los de su poblado natal.
Se levantó como pudo y vociferó:
- Si os cuento todo lo que sé, me dejareis marchar. ¿Estamos de acuerdo?
Un murmullo de aprobación se escuchó en torno a ella. Estaba completamente rodeada de trolls de todas las edades.
- Pareces más razonable que el resto de tus compatriotas. -dijo el anciano mientras se agazapaba a su lado, a una distancia prudencial. - Primero de todo, cuéntanos quién eres y porqué has salido de tu territorio.
- ¿Y quién eres tú?- masculló ella con sorna y una mirada feroz.
- No estás en situación de preguntar nada; de todas formas, soy Un'Thuwa, mago de la tribu Sen'jin.
La troll lo miró con odio, escupió en el suelo, y empezó su relato, ante la multitud de ojos curiosos y rasgados que la observaban:
“ Como ya sabéis, soy de las islas de Echo. Nací allí y me crié allí. En mi familia somos cuatro hermanos, todos de padres distintos, y yo soy la tercera en edad. A pesar de ello siempre fui bastante fuerte y por ello las competiciones con mi hermana, de pocos años más que yo, eran frecuentes.
Siempre fuimos humildes, no teníamos cabaña y vivíamos entre las ruinas y las plantas de la jungla.
Mi nombre de nacimiento es Hatikla, pero a los 13 años se probó mi fuerza y destreza en la caza, y mi buen dominio de la magia me hizo merecedora de mi propio nombre. Así pasé a llamarme Neisseria Gritofuria.
No se puede decir que allí fuera ni feliz ni infeliz; de echo me aburría mucho. Las islas son pequeñas y tenemos prohibido alejarnos. A parte de las intrusiones enemigas poco más hay por hacer, así que podéis imaginar que nos pasamos el día vagando, jugando a juegos de azar, hablando y, sobretodo, retozando unos con otros.
Para nosotros el sexo es puro instinto, no hay amor, no hay aprecio; es algo con lo que nos divertimos. También sirve para medir nuestras fuerzas y nuestro coraje. Supongo que lo mismo pensareis vosotros... - Las caras de los demás trolls no parecían aportarle una confirmación concluyente, así que siguió con su relato-.
No negaré que solía tener éxito con los hombres y que me gustaba desbancar a las otras hembras del poblado. Ellas también lo habrían hecho de tener oportunidad. A pesar de todo, yo tenía un punto débil, tenía un preferido entre los varones, Ok'Nirhat.
Como bien dice el dicho, si la envidia fuera tiña, el mundo estaría lleno de tiñosos, por tanto no es de extrañar que la tiñosa de mi hermana sedujera a Ok'Nirhat. A partir de entonces nuestra vida fue una creciente confrontación por obtener sus favores, hasta que un día sucedió lo que toda la tribu temía; hubo una pelea a muerte. Empezó por una simple pata de tigre cruda, tampoco hacían falta ya más motivos para la riña.
No quiero relatar como sucedió todo - la piel de Neisseria brillaba más azulada, bajo su corto pelo azul grisáceo, por la vergüenza que sentía al explicar aquello- . Simplemente, yo perdí y casi muero. Herida profundamente en mi orgullo decidí huir, antes que rebajarme a ser su inferior.
Llegué aquí, sin saber aún muy bién como, y tampoco entiendo como he conseguido salvarme. Ahora, como comprenderéis, no puedo volver.”
Los trolls de Sen'jin no preguntaron más, sabían que un troll con el orgullo herido era como un alma en pena, pero a la vez cargada de ira. Sí preguntaron sobre planes de guerra y otras cuestiones interesantes para mantener a ralla a sus enemigos, Neisseria contestó sin reparos, aportando toda la información que pudo.
Cuando el interrogatorio acabó el sol salía ya por el horizonte, mostrando la tierra rojiza y reflejando las vivas tonalidades del poblado. Los trolls volvieron a sus respectivas tareas y a sus cobijos; parecía que ya no tenían ningún interés en ella.
- Tus heridas sanaran solas y pronto. Puedes irte, agradece que necesitáramos la información. - masculló Un'Thuwa, antes de darse la vuelta y dejarla allí sola, sin saber que hacer.
Se levantó, visiblemente más recuperada de la brutal paliza. Sus dedos se estaban empezando a regenerar, y su pelo había crecido de nuevo. Sus heridas estaban casi cicatrizadas por completo.
Se colocó la pierna en su sitio con un grito de dolor, así soldaría recta; no quería acabar vagando tullida por el mundo. Los demás trolls la ignoraron por completo, ni siquiera parecía que hubieron oído el grito.
Entonces, cojeando lastimosamente, Neisseria avanzó hacia su destino incierto y desconocido. No tenía lugar a donde ir, no tenía nada que ofrecer, nada que ansiase, nada que buscar. Su vida se limitaba a matar, comer y sobrevivir.
Clavó la mirada en una gran roca, altiva, y empezó a darle puñetazos hasta que la piel se desgarró y sus nudillos sangraron. Era una troll sin honra, sin pueblo y sin dignidad.
Puntualizaciones:
No he hecho que los trolls hablen mal porque supongo que entre ellos no tendría sentido oirse hablar mal. De todas formas, Neisseria no és un troll estúpido, más bien le cuesta pronunciar más que expresarse. Piensa bien pero habla mal, por decirlo de algún modo. Por eso mismo tiene los colmillos pequeños, ella misma se los lima para poder adaptar mejor su habla a los demás seres.
Por otra parte, observareis que su pelo es rojo y no verde, como el del resto de trolls de las islas de Echo. Ello se debe a que al vivir en un lugar distinto y comer otros alimentos su tono fue variando y empezó a parecerse más a los trolls de Sen'jin, que ostentan diferentes tonalidades de melenas. Esto fué una gran suerte, porque así pudo hacerse pasar por un típico troll de la Horda, una Lanza Negra.
