Aquesta és la meva nova historia de rol; és la primera compartida amb una altre persona (aixó vol dir que farem una història conjunta, amb dos personatjes que aniran molt junts i estaran força relacionats). És una bona forma de passar el temps mentres se me cura aquest peuet. A veure que tal ens surt perquè tinc la impressió que serà dificil rolejar-la. Per si hi ha algun dubte jo soc la troll, Neisseria.
Ja direu que us sembla!
Oïthalos se encontraba en la biblioteca, rodeado de libros y escritos, estudiaba las artes demoníacas. Largas noches de oscuridad iluminada por una vela, bajo el resguardo de la ciudad de Lunargenta.
Su vida estaba dedicada a buscar un poder mayor al ya conocido, se lo debía a su príncipe Kael'Thas Sunstrider, y a sus promesas olvidadas para muchos, y a todos los elfos de sangre caídos antaño. No podía olvidar.
El elfo había pasado muchas lunas, muchos eclipses, sin cambios, sin poder. Miraba su aldea y le entraban nauseas, saber que su pueblo había sido insultado tantas veces. Los odiaba a todos.
Los años transcurrían, largos años de soledad almacenaban más dolor en su corazón. Hasta que una noticia le alarmo. El cuervo de su maestre entro por la ventana, revoloteando nervioso, y se apoyo en el mástil rojo. Oïthalos medito la situación. – No puede ser, este cuervo chochea, serviría mejor en una cazuela. El mástil rojo significa que hay intrusos en el bosque.
Aun así, hizo caso de la advertencia y miro por la ventana, utilizando su poder y su ojo de halcón para ver si algo extraño sucedía.
¡Luz!- se extraño, y salió de las habitaciones para adentrarse en el bosque, sin dar la voz de alarma, quería estar seguro de lo que veía – de todas maneras, podéis iros todos al infierno.
A muchas millas la tenue luz que se convertía en un iluminado campamento. El estandarte del león y los blasones pertenecían a unos humanos.
Con su ojo pudo observar lo parecía una reunión, un hombre daba instrucciones con gritos y maldiciones, mientras otro sentado en una silla guardaba un libro en un cofre, lo cerro con llave y se las dio al hombre que maldecía a gritos. Escoltaron el cofre, un pelotón de unos 30 humanos, los otros restantes partieron en dirección opuesta.
El elfo no podía creer lo que había visto, sin duda era una lengua antigua, pero descifrable, las letras ponían sin ninguna duda “ La fuente del mana”.
- Necesito ese libro – Sin decir palabra de su despedida, empezó la búsqueda de ese libro.
Neisseria estaba agazapada entre la maleza. Sus ojitos rasgados no paraban de escrutar el vasto territorio que se extendía ante ella. Hacía ya mucho tiempo que estaba perdida, se sentía cansada y tenía un hambre atroz. Recordaba con placer el sabor de la culebra cruda que había comido hacía ya casi una luna. Sus tripas refunfuñaban, y temía que alguna de las bestias nocturnas que pululaban cerca pudiera darse cuenta de su presencia.
No sabía cuanto tiempo había deambulado sola, podía hacer días o semanas... Sólo recordaba la caravana en la que viajaba con su madre, sus hermanos y los demás de la tribu había sido atacada por un ejército humano. Una caravana de escasos 10 trolls poco podía hacer contra una ejercito de unos 30 humanos bien armados; se formó el caos, todos huyeron para salvar sus vidas y entre el bullicio y el olor a sangre se perdió entre la jungla.
Eran trolls de las islas de Echo, aunque poco sabía la pequeña troll de cualquier situación geográfica. Sus 6 años de vida entre su salvaje gente no le habían permitido mucho más que pelear para conseguir supremacía en su propia familia.
Buscó a su madre, la llamó a pesar del miedo. Pero nadie contestó. Vagó errante hasta encontrar el lugar de la masacre y no divisó nada, a parte de varios cuerpos mutilados y poco reconocibles. Los humanos se habían ensañado a gusto con los menos veloces. Sintió tal vez un poco de lástima, pero la sensación más patente era el miedo. Se alejó un poco del lugar y inevitablemente se perdió evitando a una manada de felinos merodeadores.
Al cabo de unas horas pensaba más en comer y saciar la sed que en la situación vivida. Pronto, a pesar de su poco entendimiento, descubrió que sin una arma estaba desvalida y que probablemente moriría.
Así habían pasado algunos soles y lunas. Una noche Neisseria se despertó por el aroma de la carne cocinada, ¡olía tan bien! El efluvio parecía provenir de unos riscos cercanos. Neisseria sabía que no era prudente aventurarse, pero el hambre la impulsó a rastrear el lugar.
Bordeó las pequeñas montañas con todo el sigilo posible, siguiendo el aroma delicioso y la luz de lo que parecía una pequeña hoguera. Su sorpresa fue mayúscula al ver un ser extraño, pálido y esbelto.
Nunca había visto algo semejante; lo observó curiosa, mientras relamía las puntas de sus diminutos colmillos. Pasaron pocas horas, que fueron eternas para la famélica troll. Finalmente, el elfo preparó un sencillo, aunque cómodo, lecho, y se dispuso a dormir.
La troll salió de sus escondite cuando se acompasó la respiración del personaje, y recogió los restos de carne adherida a los huesos de las brasas. Rebuscó rápida y ávidamente en los saquitos del elfo y encontró panes especiados con canela. No tenía ni idea de que era aquello, pero parecía apetitoso. Con un hueso medio roído en la boca y varios panes se apresuró a huir. Se sentó no muy lejos detrás de la pequeña colina y empezó a devorar con ansia.
El elfo estaba acostumbrado a las alimañas nocturnas y dormía siempre con un ojo avizor. Se había despertado justo al acercarse ella, pero decidió no moverse y esperar. Al estar de espaldas no pudo ver de que animal se trataba, mas las pisadas eran veloces y de poco peso, así que no la consideró una amenaza. Cuando se fué se levantó a investigar, cruzó la pequeña colina... ¡Cual su sorpresa al ver una pequeña troll sentada bastamente y con la boca llena de su pan de canela!
- ¡Ladronzuela!- masculló casi en un susurro.
Ella lo miró aun con el pan en la boca y los ojos como platos, brillantes en la oscuridad. Sin soltar su carga de comida se levantó como movida por el mismísimo diablo, pero el elfo la asió del brazo. Se revolvió, por fin soltó el pan para propinar un fuerte mordisco a su enemigo. Los colmillos se clavaron en la tierna carne de Oïthalos, quién aulló de dolor. Le dio un fuerte capón a la pequeña bestia, que seguía revolviéndose. La inmovilizó y una vez en el provisional campamento la maniató.
Era una situación cómica vista desde fuera, para cualquiera que no fueran ellos dos. Neisseria vociferaba y gruñía tacos con desprecio mientras intentaba desasirse. El elfo la miraba pensativo, como si su mente estuviera distante, pensando que hacer con aquel diablillo.
De repente, oyó que ella decía:
- ¡Tú, como humanos! ¡Malvado! ¡No matar trolls! ¡Deja huir Neisseria!
- ¿Qué sabes de humanos? ¿Has visto humanos por aquí? - la zarandeo un poco para que hablara.
Neisseria vio su oportunidad en ese preciso instante.
- Yo comer. Yo hablar. Tu soltarme, yo hablar. - lo miró con furia y picardía al mismo tiempo.
El elfo pensó en que desearía estrangularla allí mismo por tanto descaro, pero le convenía aceptar el trato. Le soltó una mano y le devolvió el pan medio a comer. Pensó que, al fin y al cabo, tampoco tendría estomago para comérselo él.
Al cabo de unas horas ya sabía que aquella criatura tenía indicios de la patrulla que buscaba y pistas, por tanto, del libro. No podía dejarla marchar. Siguió pensando que como debía actuar con esa carga que le había deparado el destino.
Amaneció con los primeros rayos de sol, la mañana reflejaba a lo lejos la batalla con un festín de cuervos que marcaban el punto con su vuelo. Las caravanas estaban rodeadas de carroñeros.
El elfo, sin delicadeza, le dio un puntapié a la niña troll.
- - Venga despierta. - Esta agotada pensó. Mientras la niña dejaba asomar sus colmillos en un amplio bostezo, le tiro un trozo de carne en salazón. – Come o no me servirás para nada.
Mientras la niña engullía su porción de comida, el elfo aun dudaba si abandonarla . No veía en ella ningún beneficio. La niña aplastaba moscas que querían compartir su desayuno.
Neisseria parecía percibir las miradas toscas del elfo, y sin parpadear le señalo una daga a lo lejos medio enterrada; cuyo emblema era la de un león.
- Hombres malos todos con ciervo, león comer ciervo.
- No eres ni la mitad de tonta de lo que pareces ¿verdad?
- No se, más comida, más recordar.
El elfo volvió a quedarse unos instantes meditando, realmente la hubiera dejado ahí donde estaba con esa sonrisa burlona, le asqueaba la manera que tenia de afilarse las zarpas.
- Mierda – escupió. – no vas a recordar nada, pero si ves a esos hombres los reconocerás. Vas a venir conmigo niña, viajaremos hasta encontrarlos. A cambio, tendrás comida – Suspira. - y aprenderás algunas cosas.
Los años pasaron y Neisseria fue creciendo hasta convertirse en una troll adolescente. Podría decirse que para Oïthalos, 10 años eran un suspiro, pero habían sido los más agotadores de su vida. Criar y educar a ese pequeño engrendo había costado sudor y sangre. Tenía que reconocer que a veces había sido de utilidad, y a pesar de las hoscas miradas de sus compatriotas había acabado sintiendo afecto por ella; aunque bien se sabia que si hubiera encontrado aquella patrulla humana posiblemente la habría abandonado.
Por contra, Neisseria, era una troll un poco extraña. Sin convivir con los de su especie, había aprendido valores y conocimientos atípicos. Ya no tenía esperanza de encontrar a su familia y se contentaba con la suerte que le había tocado, y tampoco reflexionaba mucho sobre ello. Al fin y al cabo su única familia era Oïthalos, y si bien no se lo había dicho nunca le estaba agradecida.
¿Podrían un elfo y una troll, provenientes de culturas tan diferentes, llegar a entenderse algún día en un mundo de hostiles disputas?
P.D: Per cert, demà és el meu cumple. Gracies a tots els qe ja meu felicitat i dri-vos que em sap greu no poder fer la festa que tenia pensada... L'any que ve prometo anar més en compte amb els cavalls.

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